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El “picaje” y sus incomprendidos protagonistas

Más que una enfermedad, el picaje, es la manifestación del estrés crónico en el que vive un ave a causa de su incapacidad para adaptarse a su entorno físico y/o social, bien porque no sabe como hacerlo o porque le resulta imposible.

¿Por qué se pican los loros?

Los loros mascotas, para convertirse en verdaderos animales de compañía deben adaptarse adecuadamente a las condiciones de vida humana, esto requiere de un gran esfuerzo tanto por parte de los loros, como de los criadores y por supuesto de los propietarios. Debemos recordar que todos los loros son aves silvestres, incluso aquellos individuos que han nacido en cautiverio y que han sido criados por los humanos.

Cuando alojamos a un loro en una jaula y lo alimentamos con pienso para que se convierta en nuestra mascota, estamos modificando drásticamente las condiciones de vida a las que está adaptado naturalmente, restringiendo considerablemente las posibilidades de que desarrolle el catálogo de conductas propias de su especie. Tales carencias, desencadenan la manifestación de conductas anormales, entre las que destaca por su complejidad, el “picaje”.

Los trastornos del comportamiento se presentan únicamente en animales en condición de cautiverio. El “picaje” es la conducta anormal más observada en loros mascota. Se trata de la autolesión -trocear, romper y hasta arrancar las plumas- como consecuencia del hiperacicalamiento. La conducta natural de cuidado e higiene individual, el acicalamiento, debe ocurrir todos los días varias veces durante períodos de tiempo cortos. Sin embargo, cuando se incrementa notablemente el tiempo, la frecuencia o intensidad con la que se realiza la conducta puede tratarse de una primera fase de “picaje”.

La influencia del entorno

Cabe señalar que un elemento fundamental para la presentación de este tipo de desorden es la percepción individual del entorno, ya que al someter a un mismo estímulo dos loros de características muy similares podrían responder de formas muy diversas e incluso contradictorias. Esto quiere decir que no todos los loros se picarán si se mantienen bajo las mismas condiciones. También es conveniente decir que un loro que no se pica no necesariamente se encuentra en óptimo estado de salud física y mental. Existen otras conductas anormales frecuentemente manifestadas por los loros mascota, como la inactividad, los gritos o la hiperagresión.

La incapacidad de un loro para sobreponerse correctamente a una situación de estrés crónico puede producir “picaje”. La índole de esta situación es múltiple (ambiental, social…), por ello el tratamiento deberá estar encaminado a disminuir o erradicar los factores desencadenantes y no a impedir físicamente o químicamente que el loro se arranque las plumas.

Factores desencadentes y aprendizaje

No es un problema sencillo de resolver principalmente porque se trata de un proceso multifactorial y los estímulos desencadenantes y tiempos de ejecución no siempre son fáciles de detectar. Además, al cabo de un tiempo dicha conducta se convierte en un comportamiento aprendido. En estos casos se dificulta aún más su extinción puesto que seguirá “picándose” aún cuando se hayan eliminado los estímulos desencadenantes.

La mayoría de los casos de “picaje” en loros mascotas se presentan por redirección de la conducta. Dicho de otra forma, cuando los loros no tienen la opción de realizar otras conductas necesarias como la exploración de su entorno, ejercicio físico, destrezas mentales, reforzamiento de vínculos sociales…, entonces recurren continuamente o repetidamente a una conducta a la que sí tienen acceso: el acicalamiento = Hiperacicalamiento.

Otra causa muy frecuente es el hiperapego (ansiedad por separación) al propietario. Esta situación se presenta cuando existe un vínculo dependiente propietario-mascota de tal manera que el loro es incapaz de controlar la ansiedad que le generan los momentos en que el dueño no se encuentra cerca de él. En estos casos además hay que considerar que el propietario también manifiesta un grado hiperapego por el loro.

La presentación por causas mixtas es también frecuente, aunque a primera instancia parecieran antagónicas.

Situaciones que generan en el loro frustración, angustia, ansiedad… pueden desencadenar picaje, automutilación, hiperagresión, depresión y otros tipos de desórdenes del comportamiento.

Las características biológicas como especie, edad o sexo son también factores a considerar. Por ejemplo, los yacos tienen mayor predisposición a picarse que las amazonas; las hembras se pican más que los machos; durante los 9 meses y el año de edad o la época reproductiva hay mayor riesgo de picaje…

Tratamiento y prevención

Para conseguir la recuperación del plumaje, se requiere de incondicional compromiso, constancia y disciplina por parte de los propietarios, el loro depende en lo absoluto de lo que el dueño haga o deje de hacer por él. El mejor tratamiento es la prevención y ésta se consigue ofreciendo un alojamiento confortable, una dieta balanceada, estimulación física, mental y social y atención veterinaria en caso de requerirla.

Un entorno enriquecido que le brinde la posibilidad de desarrollar la mayor cantidad de conductas naturales (exploración, búsqueda de alimento, conductas sociales, ducha, juego, vuelo) será ideal para alcanzar un nivel de bienestar aceptable y la disminución o erradicación de conductas anormales.

Una vez que se ha manifestado el “picaje”, lo primero será realizar el diagnóstico preciso y oportuno. Para ello es necesario identificar y registrar en una bitácora situaciones que detonen dicho comportamiento y en lo posible, eliminarlas. Por otra parte, registrar de igual manera aquellos momentos en los que el loro permanece ocupado en otra actividad o bien descansado tranquilamente.

La estrategia para el tratamiento debe ser indispensablemente diseñada específicamente para cada caso, ya que depende en gran medida del entorno físico y social y de los factores desencadenantes. Aquello que podría funcionar muy bien para un loro, podría empeorar la situación de otro.

Algunas pautas generales son:

  • Cuando lo sorprendamos picándose debemos intentar interrumpirlo repentinamente a través de ruidos, luces…, pero evitando que pueda asociarlo a nosotros (sobre todo en aquellos casos de hiperapego).
  • No debemos llamarle la atención durante la ejecución de esta conducta, ya que en el futuro podría picarse para conseguir nuestra atención aunque se trate de un regaño.
  • Durante las situaciones en las que no se pica debemos fomentarlas y reforzarlas. Paulatinamente, él se dará cuenta que cuando permanece sin picarse obtiene siempre un premio y, por el contrario, cuando se pica ocurren situaciones desagradables (ruidos inesperados que lo asustan).
  • Mantener al loro ocupado durante el mayor tiempo posible significa que durante ese tiempo permanecerá sin picarse y eso es justo lo que necesitamos que suceda. Acciones que pueden ayudarnos a conseguirlo son: modificar la presentación del alimento, rotar juguetes, dedicarle calidad de tiempo para actividades con la familia (juego), ofrecerle sustratos diferentes para que desgaste con el pico, cambio de posaderos, de horas de alimentación…
  • Finalmente, la corrección del problema requiere planificar, establecer y enseñarle una rutina diaria en la que ocupe su tiempo sin incluir el picaje. El entrenamiento es la herramienta de elección para llevar a cabo esta fase, ya que nos facilita el manejo del loro, mientras que a él le brinda terapia ocupacional y autonomía, fortaleciendo así un sano vínculo basado en la confianza.
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