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Pávlov y Skinner: los abuelos del entrenamiento

Hace 100 años, en Alemania, un científico ruso hace sus estudios sobre fisiología gástrica, por ello gana el Nobel de medicina en 1904 pero no por ello pasa la Historia. En sus estudios descubrió la conducta condicionada. Pávlov acuñó, sin saberlo, la base del aprendizaje y el entrenamiento. ¿Quieres saber cómo?

Iván Pávlov estudiaba la fisiología del aparato digestivo y los jugos gástricos. Fue durante esas investigaciones que realizaba con perros que pudo comprobar que cuando les ponían la comida, éstos salivaban. Pero, lo que era más curioso, los perros también salivaban cuando, cerca de la hora de la comida, pasaba alguno de los integrantes del equipo de Pávlov.

La comida tiene un efecto sobre el aparato digestivo y puede entenderse la salivación, pero, ¿Por qué salivar frente a la visión de una persona como si fuera un plato de comida?

Está duda también asaltó a Pávlov y su equipo y fue así como descubrieron la respuesta condicionada. Este término recibe varias nomenclaturas: condicionamiento clásico o pavloviano, condicionamiento respondiente, modelo estímulo-respuesta o aprendizaje por asociaciones. Sea como sea, siempre sigue el mismo esquema: un estímulo genera una respuesta, pero ese estímulo puede asociarse a otro para dar la misma respuesta.

Así fue como empezaron a estudiar el efecto de otro estímulo sobre la aparición de comida. Cada vez que ponían comida a los perros, hacían sonar un metrónomo. Un sonido concreto y característico. Lo que vieron finalmente es que la respuesta del perro frente al sonido del metrónomo era la salivación, hubiera o no comida. Habían condicionado la respuesta de salivación!

Pasados 40 años, en 1948 Skinner y Thorndike, dan un paso más allá y se erigen como padres del condicionamiento operante: “Cualquier conducta que en una situación produce un efecto satisfactorio, se hará más probable en el futuro”. Si la respuesta va seguida de una consecuencia satisfactoria, la asociación entre el estímulo y la respuesta se fortalece; si a la respuesta le sigue una consecuencia desagradable, la asociación se debilita.

Un ejemplo de los trabajos de Skinner con condicionamiento operante  llevado al límite, queda claro con La superstición de la paloma.

En este experimento, se colocaba a una paloma en una caja estanca. En esta caja, cada intervalo de tiempo previamente determinado, se daba a la paloma una recompensa. Lo que se observó es que, de las múltiples acciones que la paloma emitiera antes de la aparición de la comida, la que resultase, casualmente, contigua a la recompensa, sería reforzada. Al repetir este experimento con diferentes palomas, obtuvieron un sin fin de respuestas condicionas. Cada paloma efectuaba repetitivamente aquella conducta, que, al azar, había sido reforzada.

Llegados a este punto, os preguntaréis como se relaciona el condicionamiento con el entrenamiento, pues bien, la clave es: ¿cómo aprende un animal?

Mediante ensayo y error. Los humanos y los animales aprendemos de nuestra propia experiencia. Tenemos un aprendizaje asociativo: un sujeto tiene más probabilidades de repetir las formas de conducta que conllevan consecuencias positivas y, por el contrario, menos probabilidades de repetir las que conllevan consecuencias negativas.

¿No suena esto a condicionamiento operante? Efectivamente.

En el entrenamiento, se condiciona al animal a responder a ciertos estímulos. A esos estímulos les llamamos comandos. Al recibir el comando, el animal efectúa una conducta condicionada y recibe una recompensa. Si la recompensa es positiva ¿Por qué no repetirla?

Así es como dos científicos del siglo pasado marcaron las primeras bases del entrenamiento. Describieron la secuencia del proceso de aprendizaje. Siendo por tanto el entrenamiento, el “nieto” de los perros de Pávlov o las paloma de Skinner.

Así que, la próxima vez que mandes a tu perro sentarse y les des un premio al hacerlo, date cuenta de toda la historia que tiene un simple “sit”.

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