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Los peces vuelan

Me dijo:

– Un día se me ocurrió preguntarle a mi amigo el delfín de cola amarilla: “¡Qué hacen las aves?”

– Nadan en el aire -fue su respuesta-. Nadar y volar es lo mismo, sólo que vosotros les habéis puesto diferente nombre.  Hay peces que vuelan a más de diez mil metros bajo la superficie del mar.  Los pulpos gigantes vuelan desde las grandes profundidades hasta la superficie en el fondo del aire.  La manía del hombre ha consistido en ir a visitar otros lugares lejanos, dar la vuelta a la tierra, alcanzar la luna, el fondo del mar, subir las más altas montañas con ayuda de sherpas y de máscaras de oxígeno.  Jugando a la aventura como los hombres mayores a los negocios: muy seriamente.

Hizo una pausa, miró largamente las olas, y continuó:

– “Nuestro vuelo, óyeme bien, nuestro verdadero vuelo, está hacia adentro de nosotros mismos.  Siguiendo con buen instinto la razón; con buena razón nuestro instinto, sin alejarnos mucho de la naturaleza, sin querer enmendarle la plana, ya que ella siempre nos lleva con sencillez y seguridad por el buen camino, el camino de todos.  Recuerda que Lord Adrian, a quien conociste en Cambridge, se puso unos electrodos y mostró cómo la actividad de su cerebro disminuía o se aceleraba al abrir y cerrar los ojos, lo mismo que le ocurría al de una mosca de agua al hacerla pasar de la luz a la oscuridad.  Quien hizo la comparación fue el premio Nobel, no la mosca, pero, piénsalo bien: ¿De qué le serviría ese conocimiento a una mosca que, sin embargo, como los peces, vuela y ve constantemente la vida desde ángulos que el hombre ni siquiera puede sospechar? Piensa en esto, entiende tus limitaciones de hombre de fondo de aire, sin posibilidad alguna de vuelo externo propio, y, tal vez, un día podrás volar por dentro”

Santiago Genovés (Solo. Un hombre en el mar)

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