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Loros de compañía y tenencia responsable

Los psitácidos son las aves más populares en todo el mundo y las especies exóticas que con mayor frecuencia se tienen como animales de compañía.

De unos años a la fecha, la tenencia de estas aves en casa, se está transformando drásticamente hacia formas más amables en las relaciones con las personas. En nuestro tiempo, es frecuente que se proponga la reflexión acerca de las prácticas que hemos llevado a cabo tradicionalmente en torno a los animales y el ambiente. El caso de los psitácidos mantenidos en entornos distintos a los naturales no es la excepción.

Como resultado de esa reflexión, se van estableciendo y popularizando los criterios de actuación en la “nueva” tenencia de psitácidos como animales de compañía, también llamada tenencia responsable.

 Al igual que ocurre con el resto de los animales con los que el ser humano interactúa de manera directa, garantizar el bienestar de los individuos es considerada una obligación moral ineludible por parte del propietario o responsable.

Lo que nos lleva a otra reflexión, y es que, si su bienestar es una obligación ¿Por qué no es una realidad?. Quizá para entenderlo, tenemos que responder el siguiente cuestionamiento:

 ¿Sabemos cómo garantizar el bienestar de los psitácidos en nuestras casas?

Imagen tomada por: Pàtric Marín. Cacatúa de Javier Salcedo (Tepui parrots)

Probablemente, un gran número de aves que viven como animales de compañía no han alcanzado el nivel óptimo de bienestar debido al desconocimiento de sus necesidades básicas por parte de sus propietarios, aún cuando éstos cuentan con la mejor disposición por llevar a cabo todo lo necesario para garantizar la máxima calidad de vida de sus animales.

Los cuidados básicos para estás aves, pueden agruparse en las llamadas “Cuatro A”

Alimentación. Nos referimos a las dos fases de la alimentación. La fase aperitiva -conducta alimentaria-, es decir a todas las conductas que llevan a cabo los animales para obtener su comida, como la búsqueda, la exploración, la manipulación… y la fase de consumo que se refiere propiamente al acto de ingerir los ingredientes de su dieta, los cuales deberán cubrir satisfactoriamente los requerimientos nutricionales del animal.

Alojamiento. Es necesario que asumamos que nuestra casa deberá ser el alojamiento de nuestro loro y no únicamente una pequeña jaula ubicada en el salón de nuestro hogar.  De la misma manera que los propietarios de gatos y perros tienen múltiples espacios permitidos en casa, los compañeros humanos de psitácidos, deben adecuar varios puntos, de preferencia elevados, en los cuales las aves puedan compartir con su grupo familiar y sentirse cómodos y seguros, sin la necesidad de estar pechados sobre las personas y posarse en sitios prohibidos.

Actividad física, mental y social. Todas las especies de psitácidos son altamente sociables. La mayoría de los loros de compañía viven solos. Este hecho conlleva importantes repercusiones negativas en el bienestar de las aves. Afortunadamente, podemos aminorarlas ofreciéndoles oportunidades para que desarrollen habilidades físicas, sociales y mentales que les permitan manifestar su catálogo natural de comportamiento. Esto se consigue a través de rutinas diarias equilibradas en las que se cuente con un buen programa de enriquecimiento ambiental (juguetes) y de entrenamiento con refuerzo positivo.

Atención veterinaria. Acudir al veterinario especialista en exóticos periódicamente para que realice un examen físico general, nos ayudará a prevenir, diagnosticar e incluso tratar oportunamente cualquier problema físico o de comportamiento que pueda padecer nuestro compañero emplumado. Por supuesto, no debemos medicarlo por nuestra cuenta ni aceptar consejos ni tratamientos por personas no calificadas, aunque sus intenciones sean las mejores.

Si tomamos estás pautas generales como punto de partida, seguramente nuestra convivencia con los loros fluirá con mucho más naturalidad y evitaremos enfrentarnos a los problemas de manejo y comportamiento que frecuentemente manifiestan estas aves, como son, el picaje, la agresión, los gritos constantes o la inactividad.

Sobre todo, resulta importante tomar conciencia de que el querer a los animales y tener las mejores intenciones, no es una garantía de proveerles los cuidados básicos indispensables.

Recomendamos que si tenemos a nuestro cuidado un animal, nos mantengamos bien informados y al mínimo problema de salud física, mental o de convivencia, nos pongamos en contacto con un veterinario especializado que pueda ayudarnos a resolver oportunamente la situación. Evitemos seguir consejos no profesionales, pues aunque bien intencionados pueden agravar nuestro problema e incluso poner en riesgo la vida de nuestro lorito.

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