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¿Cómo es tener un loro de compañía?

Loros de compañía_Yolcati

La relación con un loro de compañía puede ser maravillosa si comprendemos y respetamos su naturaleza.

Elegir compartir nuestros días con un loro de compañía es una decisión que sin duda cambiará nuestra vida.

Cuando imaginamos como será la convivencia, vemos lo bien que lo pasaremos juntos. Esta escena que construimos en nuestra mente está determinada por la información a la que tenemos acceso respecto a sus necesidades y cuidados. Como sabemos, los loros se han tenido en casa desde hace cientos de años, desde entonces se han desarrollado algunas ideas con tal fuerza que en la actualidad constituyen, para nuestra sociedad, el conocimiento popular de los loros.

¿Pero es realmente acertada la forma en la que entendemos a los loros y por consiguiente las costumbres que seguimos para cuidarlos en casa?.

Desde la llegada de nuestro loro a casa comenzamos a descubrir que la historia que habíamos imaginado no es exacta a la realidad. Resulta que para garantizar el bienestar y la convivencia en armonía con un ave salvaje tan inteligente y social como un loro, se requiere de mucho más esfuerzo y dedicación de lo que creíamos.

Los psitácidos son especialmente conocidos por su simpatía, carisma y excepcional habilidad para imitar sonidos, entre ellos la voz humana. Sin embargo, aunque ciertas estas características son únicamente una parcialidad de lo que define a estos animales. También son aves sumamente inteligentes que han evolucionado para vivir en bandadas gigantescas de cientos de individuos que además comparten entornos con otras especies. En vida libre dedican la mayor parte de su tiempo a la búsqueda, la exploración, la selección y la manipulación de alimento, si si, el famoso forrajeo. Cada día las bandadas de loros recorren decenas de kilómetros en busca de alimento y refugio; deben defenderse como grupo y a la vez competir con sus congéneres para garantizar su supervivencia. En nuestras casas todo cambia para ellos, cierto que nuestros loritos ya han sido “criados a mano” sin embargo, siguen siendo tan salvajes como las poblaciones en vida libre, pues en la mayoría de los casos se trata de la primera, segunda y tal vez con suerte tercera generación nacida en condiciones controladas, esto quiere decir que sus padres, abuelos o bisabuelos fueron capturados de vida libre.

Para ellos cada día supone un enorme reto de adaptación a un entorno completamente distinto al natural, donde la característica más llamativa es el poco control del ambiente al que están sometidos por condición. Esto quiere decir, por ejemplo, que no pueden decidir, qué, cómo, cuándo o dónde obtener su alimento, pues nosotros ya lo hemos hecho por ellos. Además de la importante restricción de movimiento que implica pasar la mayor parte de su vida dentro de una jaula, que si bien desde fuera parece grande, es extremadamente pequeña siempre que se vea desde dentro. Para muchos, el día transcurre en soledad, una difícil condición para cualquier individuo social. Y finalmente, la posibilidad de convivencia con otros individuos, o sea las personas, no siempre resulta cómoda pues las señales suelen ser confusas y contradictorias.

Desde la perspectiva humana, una mala experiencia de convivencia o desencanto de lo esperado de un loro, suele resumirse en un: “son destructores, sucios, ruidosos y fácilmente se vuelven ariscos aun cuando sea uno quien le da de comer y limpia su jaula”.

Frecuentemente los propietarios nóveles se encuentran con situaciones que no saben como enfrentar, pues suponen contradicciones entre lo que queremos, lo que consideramos que está bien para nuestra ave, lo que se dice popularmente que debe hacerse y lo que ella misma manifiesta como sus preferencias.  Ante tantos y algunos contradictorios caminos…

¿Cómo saber qué criterios seguir para convivir en armonía con un loro de compañía?

Si nuestra prioridad es siempre que ellos disfruten tanto como nosotros de la compañía mutua y priorizamos su participación voluntaria en todas las actividades con nuestro grupo familiar, encontraremos, sin duda, la solución a las dificultades que puedan surgir.

Lo más importante es que no olvidemos que tener un loro como animal de compañía ha sido nuestra elección y que aun cuando la realidad no se parezca a lo que habíamos imaginado inicialmente, necesitamos actuar con responsabilidad en todo momento. La relación con un loro de compañía puede ser maravillosa si comprendemos y respetamos su naturaleza.

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